Desde la tercera cuerda: cuando los tucanes vuelan y el Verde se fractura en Guanajuato
Primera caída: el primer tucán que levantó vuelo
La historia de esta desbancada verde no empezó en León. Empezó en el Congreso del Estado. Y el primer movimiento fuerte lo dio Sergio Contreras Guerrero, quien después de 22 años de militancia anunció su salida del Partido Verde Ecologista de México.
No es un detalle menor. Contreras no era cualquier militante: fue dirigente estatal del partido y diputado local. Su renuncia dejó algo más que un hueco político. Con su salida, el PVEM se quedó sin representación en el Congreso de Guanajuato, algo que no ocurría desde hace años.
En su mensaje explicó que los retos actuales del estado requieren “visión y nuevos enfoques” distintos a los que sostiene la dirigencia estatal del partido. Sin mencionarla directamente, el mensaje apuntaba hacia la conducción del Verde encabezada por Virginia “La Kikis” Magaña.
En términos del pancracio político, fue como cuando el capitán del equipo se baja del ring en plena función. Y cuando eso ocurre, el resto del vestidor empieza a preguntarse si la pelea vale la pena.
Segunda caída: la jaula se abre
Después vino lo que muchos ya venían anticipando. La salida de Gerardo Fernández, excandidato a León y diputado local del Verde, junto con Norma López Zúñiga, regidora en León.
Pero no fueron los únicos. También se sumaron Soledad Ledezma Constantino, Gerardo Suárez, Alejandro Flores Razo y Jorge Navarrete, este último coordinador municipal del partido en Valle de Santiago.
La explicación pública fue la misma que se escucha cuando un grupo político rompe filas: falta de diálogo, ausencia de acuerdos y una dirigencia estatal que dejó de escuchar a sus cuadros territoriales.
Dicho en términos más simples: el partido dejó de ser un espacio donde podían operar políticamente.
Tercera caída: cuando los tucanes vuelan
Lo que convierte este episodio en algo más serio no son los nombres que se fueron, sino el cálculo que ellos mismos pusieron sobre la mesa: hasta 400 militantes podrían abandonar el partido tras esta ruptura. Eso ya no es una renuncia. Eso es una fractura.
Porque en política los partidos no viven de sus siglas, viven de su estructura. Y cuando esa estructura empieza a dispersarse, el problema deja de ser mediático y se vuelve territorial.
Durante años el Verde logró construir presencia en distintos municipios de Guanajuato. No era un partido grande, pero sí uno que había encontrado la forma de ganar espacios a base de negociación política. Hoy ese capital empieza a resquebrajarse desde adentro.
Cuarta caída: la desbancada verde
Y aquí aparece la escena completa. Primero salió Sergio Contreras del Congreso. Después vinieron los liderazgos locales. Y ahora el partido enfrenta la posibilidad de que su estructura se diluya.
La marca verde había ganado espacios y hoy empieza a perderlos por una razón que en política suele ser mortal: las rupturas internas.
Porque en el pancracio político hay una regla muy clara. Cuando los luchadores comienzan a abandonar el vestidor, la función se queda sin cartel.
Por ahora los exmilitantes dicen que no brincarán inmediatamente a otro partido y que buscarán impulsar un movimiento propio. Pero en política esas pausas rara vez son definitivas.
Porque cuando los tucanes vuelan, casi nunca lo hacen sin rumbo.
Y la verdadera pregunta no es quién se fue del Verde.
La pregunta es: